Una expedición única marcó a un grupo de quince mujeres que se lanzó al mar para protagonizar una experiencia transformadora a bordo de kayaks, en el marco del proyecto «Remando Juntas» impulsado por el Centro Náutico Deportivo y Recreativo (CENDYR) y la Municipalidad de Quintero.
El océano Pacífico, testigo eterno de naufragios y descubrimientos, fue el escenario de una travesía muy distinta a las que suelen escribirse en los anales marítimos. No hubo tormentas ni rutas inexploradas, sino la calma profunda de quince mujeres decidiendo, por primera vez muchas de ellas, convertirse en navegantes.

Muy temprano, cuando el sol comenzaba a calentar las arenas de Quintero, un grupo heterogéneo de vecinas se congregó en las instalaciones del CENDYR Náutico. No eran navegantes experimentadas, sino madres, trabajadoras y soñadoras que respondieron al llamado de «Remando Juntas», una iniciativa concebida desde la Oficina Municipal de Deportes para celebrar el Mes de la Mujer y, de paso, democratizar un deporte tradicionalmente dominado por hombres.
Tras un calentamiento en tierra firme, las embarcaciones se deslizaron suavemente sobre la bahía. La primera parada de esta bitácora femenina se situó a más de 500 metros de la costa, frente al emblemático barco hundido, ese viejo fantasma de acero que reposa en el fondo y que, desde la perspectiva de un kayak, se revela como un monumento vivo de la identidad quinterana.

La caravana de colores continuó su rumbo bordeando la costa hasta llegar frente a la icónica Casa Roja de Loncura, punto de inflexión para iniciar el regreso al hogar náutico. Pero lo que parecía un simple paseo matinal se transformó, palada tras palada, en una epifanía colectiva.
Para la vecina Daniluz Salas, de Loncura, la experiencia fue maravillosa y espera se vuelva a repetir: «Esta experiencia ‘Remando Juntas’ ha sido increíble, motivadora para todas las mujeres y le agradezco infinitamente al alcalde por habernos dado esta oportunidad y abrir esta ventana para las mujeres que queremos aprender más sobre el océano».
Sus palabras no eran mera cortesía, sino el reflejo de una jornada que, para muchas, significó romper una barrera. Marjorie Álvarez, otra de las protagonistas, asentía con la mirada brillante. Para ella, como para varias de sus compañeras, era su bautizo de mar sobre un kayak y así lo expresó: «Esta es mi primera vez haciendo esta actividad, fue muy entretenido navegar con las chiquillas aquí en el agua y me entretuve mucho. Ojalá se pueda repetir más veces».
Y es que «Remando Juntas» no surgió de la nada. La idea germinó en las conversaciones entre Andrea Herrera, encargada del CENDYR Náutico, y Daniela Pizarro, instructora de navegación a vela. Ambas observaron un vacío: mientras los talleres infantiles funcionaban, las madres, esas mismas que llevaban y traían a sus hijos, miraban el horizonte con deseo contenido.

Andrea Herrera, encargada del CENDYR Náutico, explicó cómo nació la iniciativa: «La actividad Remando Juntas, nació por el Mes de la Mujer, Dideco pasó por los departamentos solicitando ideas que pudieran motivar a la gente y la participación de las mujeres y ahí nació la idea, porque tenemos kayak para los niños, pero no para mujeres. Hicimos la propuesta y tuvo buena recepción. Así que contenta y feliz por la actividad y esperamos se pueda repetir».
Daniela Pizarro, instructora de navegación a vela, quien desde el agua guiaba a la flotilla, profundizó en la filosofía de la iniciativa: «Tenemos un taller para los niños y vimos que muchas mamás tenían ganas de participar en las actividades náuticas, entonces, basándonos en el mes de la mujer y con el apoyo del alcalde Rolando Silva y el Concejo Municipal, decidimos levantar la idea Remando Juntas porque siempre en lo náutico hay más hombres que mujeres. Las mujeres lo pasaron excelente, se fueron muy contentas, superaron sus miedos. La mayoría son apoderadas y no sabían lo que era remar, conectarse con el mar, con la naturaleza. Así que quedaron todas felices y con ganas de volver a repetir esta iniciativa».
La travesía concluyó con las quince expedicionarias pisando tierra firme, agotadas pero radiantes. Detrás de ellas, la bahía de Quintero recuperaba su habitual vaivén de olas, pero algo había cambiado. Aquellas mujeres ya no verían el mar de la misma manera. Y el mar, probablemente, tampoco las olvidaría.